• Parece que fue ayer...


    Mayo, 2015
  • El sillón de los recuerdos


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  • Es simple ser feliz


    Octubre, 2014
  • Se trata de aprender


    Octubre, 2014
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Artículos Recientes

lunes, 21 de septiembre de 2015

¿Somos una plaga?

Ya es hora de lubrificar un poco este oxidado blog. Me gustaría hacer reflexionar a nuestros lectores con una pregunta.

¿Hasta qué punto pensáis que el ser humano está condicionado por su condición animal?

Es decir, estamos preguntando a cerca de cuánto nos condiciona o determina nuestra biología o genoma. Visto desde fuera parece que estamos bastante lejos de nuestro instinto, y que la sociedad suple esa falta de instinto primario. Parece que la sociedad es una especie de convivencia simbiótica en la cual hemos desarrollado cantidad de aspectos diferentes. 

Sin embargo, si analizamos más detenidamente, no estamos haciendo otra cosa que otras especies no hagan. No estoy hablando de todo lo que hemos creado a base de nuestro conocimiento; sino sobre los objetivos principales de nuestra especie como conjunto global: Consumir recursos para mejorar la calidad de vida con el objetivo de perpetuar la especie.


A lo largo de la historia hemos luchado (y continuamos haciéndolo) contra nosotros mismos por tierras y otros recursos. Nos hemos desarrollado para poder utilizar mas recursos de manera que estamos utilizando estos de un modo no sostenible mientras la población aumenta de manera vertiginosa. 

En mi opinión, esa estrategia de especie no dista tanto de la de las langostas (las de tierra), o ratas por ejemplo. 

jueves, 2 de julio de 2015

"La ignorancia es la felicidad"

Estrenamos hoy el verano en el blog con un tema muy discutido y recurrente en cualquier disciplina desde que el ser humano se puso a pensar: La felicidad.

Es un tema que ya hemos tratado antes, pero le queremos dar un enfoque diferente. Más que nada para discrepar con una de las frases más comunes respecto al tema: la ignorancia es la felicidad. Nos disculparéis, pero nosotros y la frase estamos totalmente desacuerdo.

Es evidente que dentro de la ignorancia la sensación de felicidad existe, sin embargo, aquí dudamos de que se trate de felicidad real dado que si la percepción de nuestro mundo no lo es, ¿por qué lo iba a ser esta?

Nos parece que para ser feliz, en primer lugar hay que percibir. Percibir el mundo que nos rodea con la mayor exactitud posible. Lo que implica conocer detalles tanto positivos como negativos. En segundo lugar es imprescindible aceptar que la felicidad no significa vivir en un entorno totalmente positivo, porque lo negativo también es parte de la vida y también es imprescindible. 

Una vez aceptado esto el tercer paso consistiría en relativizar. Relativizar en sentido de entender de que nada es absoluto y permanente. Ni lo material ni lo personal; todo es dinámico. En todo momento estaremos ganando algo, perdiendo algo y disfrutando de que algo comparte su camino con nosotros. 

Esto nos llevaría al cuarto paso, en el que lo importante es saber soltar. No vamos a poder aferrarnos a nada para siempre, por lo tanto debemos aprender a dejar ir y a asumir de que no hay nada malo en que algo se acabe. Tal vez no nos sea agradable, pero el hecho de entorpecer el ciclo natural es lo que nos va a sacar de nuestra felicidad.

lunes, 1 de junio de 2015

Mens in corpore, corpus mentis.

¿Cuerpo o mente?
¿Pensamiento o emociones?
¿Genes o entorno?
¿instinto o aprendizaje?

Nuestra cultura occidental se ha sumido en la dualidad total, donde la verdad reside en un solo factor y la solución solo se alcanza desde una sola vía. Tendemos a separar disciplinas y crear fuertes discusiones las unas con las otras para ganar y poder decir que nuestro punto de vista es el mejor.

Nos falta capacidad de observación y de aplicación porque no hace falta irse muy lejos; podemos mirarnos al espejo y preguntarnos si solo somos la mente, o solo nuestro cuerpo. La respuesta es no. No, porque somos una unidad, porque cuerpo y mente funcionan al unísono de manera que el cuerpo influencia la mente y al mismo tiempo la mente haga funcionar (y condicione también de múltiples maneras) al cuerpo. 

Lo mismo pasa con los genes y el entorno. No somos lo que dicta nuestra genética ni lo que nuestro entorno hace de nosotros. Somos un modelado de un algo básico al que el exterior va dando forma. 

No estamos regidos por una sola fuerza, ni nuestros males dependen de un solo factor; solo depende de con que lentes se mire el mismo objeto. Poco sentido hay en intentar entender un complejo sistema solo desde un solo punto de vista, porque, nadie diría  que nuestro planeta es un planeta de agua; ni que es un planeta de roca.

lunes, 25 de mayo de 2015

Montaña rusa de la vida

Es difícil pensar que a día de hoy, las personas seamos capaces de llegar a lo más alto, ya que son muchas las trampas que nos ponen en el camino que nos lleva hasta la cima. Las oportunidades quedaron desplazas por el bajo coste, los puestos de trabajos por las becas y los puestos fijos, por una simples plantas de plástico.

Y es que vivimos en la realidad, una realidad en la que llegar a lo más alto está complicado, dónde los puestos no los consigues los que más se lo merecen sino los que menos se lo merecen, y menor esfuerzo le ha llevado conseguirlo, ya que muchos casos de este tipo, se trata de familiares.

Pero no tan solo es uno capaz de llegar a la cima de una empresa, de un puesto, de una sociedad, sino a un nivel interior de la persona consigo misma. Llegar a la cima de sentirse grande dentro de un mundo en el que cada persona es insignificante a veces, y muy grande otras veces, eso las acciones son las que lo dirán.

Un día te levantas en lo más alto, y al día siguiente estas en lo más bajo. Lo que quería tener controlado, pasa a descontrolarse, y lo que un día tenías tan claro, pasa a ser una duda de la cual no puedes salir. Pasarán los días, y seguirás con la duda en la cabeza. ¿Es necesario bajar de una situación cómoda para llegar a un punto más alto? ¿Y si una vez comienzas a bajar, no encuentras el cambio de pendiente, todo se convertirá en oscuridad?

Piensen, cualquier día puedes estar en lo más alto, y que una insignificante acción en tu vida, puede hacerte balancearse cómo si de un péndulo se tratara. Por ello, mi pregunta es:

¿Merece la pena salir de la rutina para buscar una nueva cumbre?

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sábado, 23 de mayo de 2015

Mirada del ayer

Parece que fue ayer cuando tan solo era un niño, dónde no existían las preocupaciones, las indecisiones o los problemas. Un lugar dónde todo era felicidad y diversión, y los problemas, no eran parte de mi vida. Vivía alejado de la realidad, o al menos, de la realidad que hoy en día se conoce.

Son muchas las razones que hacen que el día a día sea un suplicio mirarlo, da miedo abrir el periódico y tan solo ser capaz de leer tragedias en el mundo y en la vida de las personas; y más miedo aún, encender la televisión y ver cómo las personas están sufriendo. Esta es la triste realidad, el presente. Es el lugar dónde vivimos y no podemos huir, es el lugar que nosotros estamos creando. Es triste que las personas seamos capaces de hacer cosas tan grandes, como puede ser dar vida, y tan miserable como quitarla.

Estas cosas existían en el ayer, existen hoy, y existirán desgraciadamente en un futuro incierto, y aún por llegar. Pero, que felices éramos hace años, cuando nuestra única preocupación era cosas que hoy en día ni las tenemos en mente, cómo aprender a montar en bicicleta, ir al colegio el primer día del curso, conocer otras personas... Problemas que hoy en día ya nos gustaría poder tenerlos, ya que nos harían felices.

Entre toda la miseria y los escombros que vamos apilando con los problemas, se esconden las pequeñas cosas de la vida que hacen que crecer merezca la pena. Una mirada, una sonrisa, un abrazo, un instante de risa, hacer que por unos minutos el reloj de la vida se pare, y nos lleve al pasado, dónde todo era perfecto.

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jueves, 21 de mayo de 2015

насилие

Me gustaría dedicar esta entrada a una vieja amiga nuestra. Una amiga que nos ha acompañado desde el principio de los tiempos: La violencia.

Me atrevería a decir que ha sido el recurso más usado por la humanidad para conseguir bienes o cualquier objeto de interés. Un recurso que hemos usado sin ningún escrúpulo hasta la declaración de los derechos humanos. Y ahí viene el problema, porque desde entonces se ha convertido en algo que "enseñamos" a que no se use. En la escuela se castiga el uso de la violencia, cuando hay peleas entre hermanos y hermanas se riñe y se castiga a estos. Sin embargo pensemos en el mensaje que recibimos socialmente.

Mientras invertimos esfuerzo, tiempo y dinero en intentar inculcar que la violencia no es el camino adecuado, en la televisión observamos como se declaran guerras, cómo se atenta contra entidades y personas y cómo la policía arremete contra los y las manifestantes sin piedad. 

En pleno siglo veintiuno la violencia sigue siendo la principal "solución" para cualquier tipo de estorbo para el correcto desarrollo de la democracia y el estado de bienestar.

Y claro, sabemos de sobra que todos aquellos que ejercen la violencia legal lo hacen en total contra de sus principios y voluntad. Y para más solidaridad lo hacen en plena igualdad de condiciones y tomando sólo las medidas estrictamente necesarias. Sabemos que su objetivo es la prevención de conflictos violentos y por eso se muestran protectores. Encima, en caso de tener que infligir daño lo hacen al mínimo posible, 

Está claro que la prioridad de las fuerzas del orden es ordenar, ¿y quién no sabe que las herramientas más adecuadas para ordenar algo son una porra y unas pelotas de goma?

Porque el ser humano no es violento hasta que lo dotas de anonimato le das protección y lo armas. 

lunes, 18 de mayo de 2015

Parece que fue ayer...

Parece que fue ayer, pero ya han pasado muchos días, semanas, tal vez meses, desde aquel primer momento. Un momento en el que el tiempo se paraba y todo movimiento quedaba pausado por unos instantes. Una mirada, que quedará almacenada en el del tiempo, y cuya luz, permanecerá guardada en el baúl de los recuerdos, junto a tantos momento vividos.

Parece que fue ayer cuando una nota, pudo escribir la canción de mi vida. Una canción llena de momentos, miradas, risas, llantos y conversaciones dulces y amargas. Pero, nota a nota, se escriben canciones y momento a momento, se ruedan películas. Se trata de la película de mi vida, dónde el protagonista y directos, sin saber que lo es, escribe el guión de su propia película, su vida.

Parece que fue ayer, dónde la curiosidad y el misterio era la base de nuestras inquietudes. Ni tan siquiera Da Vinci fue capaz de volar tan alto como lo hacía yo, movido por palabras, destellos e acciones. Subía y subía, sin pensar en que hubiera un techo que fuera capaz de alcanzar.

Parece que fue ayer, cuando el dichoso techo tuvo que aparecer. Como si se tratase de un pájaro sin alas, una mariposa mojada o un avión sin motor. Caía y caía, sin opción a parar. La oscuridad, la tristeza y la agonía me sostenía en un largo camino sin fin, dónde no existía escapatoria alguna.

Parece que fue ayer, cuando todo sucedía, desde el ascenso al cielo, hasta el descenso a los más oscuros lugares. Pero la realidad es que no era ayer, es hoy. Atrapado en mí mismo, sin escapatoria alguna. Porque yo soy mi mayor amigos y enemigo a la vez, dónde un día puedo estar en lo más alto y al día siguiente tocando el fondo.

Parece que fue ayer, pero es hoy cuando he aprendido a convivir conmigo mismo, a valorar lo que uno tiene en cada instante, y a disfrutar de la vida cada momento, como si no hubiera futuro alguno para mí.

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